La ofrenda de la encina.


   Como hija única y legítima del bosque  mediterráneo nació  la encina, que agradecida, coronó a la dehesa, en un pacto sagrado  con el hombre. A partir de entonces,  se volvió fecunda y despertó a la bellota  un día de otoño,  viendo con hambre al ganado.
Y  el alcornoque contagiado,   ofreció un  verano su piel bajo el sol, al ver
los cuidados que el hombre le habia prodigado.
Y del suelo brotaron hermanos menores, la  jara, la coscoja, la retama, el lentisco….
Y donde  el terreno era más plano, fué tapizado de rubios pastos y trigales.
Y donde la pendiente ganó en altura. Nació el monte y se cubrió de verdor y serrana espesura.

Así, al suroeste de la provincia de Badajoz. Entre montes y cerros, nació el bosque, que extendió sus lindes por los pueblos de Oliva, Zahínos, Higuera. los Valles y Jerez. Y culminó su belleza a los pies de la gran sierra Morena Andaluza.

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